Según la wikipedia, los promotores de la música punk a mediados de los 70s "consideraban que el rock había pasado de ser un medio de expresión para los jóvenes, a una mera herramienta de mercado y escaparate para la grandilocuencia de los músicos
de ese entonces, alejando la música de la gente común. El punk surgió
como una burla a la rigidez de los convencionalismos que ocultaban
formas de opresión social y cultural".
Si cambiamos los términos "rock" por "plataformas de teleformación", "expresión" por "formación" y "músicos" por "mainstream académico", tendremos una visión aproximada del "edupunk".
El término/movimiento es muy interesante por varios motivos: recoge las
inquietudes de un buen número de docentes que buscan mejoras
continuadas en sus prácticas 'online' y carecen de respuestas en las
tecnologías disponibles en sus instituciones, puede fundamentar (en el
nivel epistemológico) la corriente del e-learning 2.0 y, sobre todo, reúne en torno a un concepto (marca) una serie de inquietudes presentes en el el movimiento de los recursos educativos abiertos.
El punto de crítica es el del control y la evaluación. Es algo que en
la pedagogía se viene discutiendo desde las teorías anarquistas y de la
'desescolarización' de autores como Illich, Reimer, Goodman o Holt.
En su alternativa a la escolarización formal, Illich llega a sugerir la
posibilidad de construir las condiciones favorables para utilizar la
tecnología al servicio de la sociedad, desescolarizando la cultura
(Illich, I, La convivencialidad, Barcelona, Barral Editores, 1974). El avance del software social
parece ir en la dirección deseada por Illich, pero el debate de la
calidad en la educación y la necesidad de control sobre los procesos
educativos y la evaluación de los aprendizajes aporta argumentos serios
y contrarios a las bases del edupunk. El debate ya está servido y en los próximo años será un tema de gran interés para los teóricos de la educación.
Cita texto del blog de Daniel Domínguez
Tengo otros dos blogs que apenas puedo mantener, así que este estará cerrado (de nuevo) hasta nuevo aviso. Mantendré la cuenta para visitar sus blogs y comentar. Estoy segura de que algún día podré volver a escribir con entera libertad. Hasta entonces, me despido.
1.- Escoge 5 libros que tengas fisícamente
2.- Menciónalos
3.- ¿Cómo los obtuviste?
4.- ¿Qué es lo bueno de ese libro?
5.- ¿Comprarías una copia para regalarla? ¿A quién?
- Libro 1: A quien conmigo va, de Antonio Gala
3. Lo compré en una feria del libro hace unos tres años.
4. Lo bueno es el diálogo que mantiene el autor con personas distintas. Con algunos se entiende, con otros no. Tiene un aire un poco melanólico a veces. El manejo del lenguaje es increíble: precioso, preciso, simple.
5. No se me ocurre a quién podría regalar un libro tan singular como este. En serio.
- Libro 2: Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir
3. Lo compré en la misma feria del libro que el anterior. De hecho, mi mamá me lo señaló y me animó a que lo llevara.
4. Los filósofos no nacen filósofos. Primero nacen, y tienen una infancia y una educación que bien podría ser muy parecida a la de cualquiera de nosotros. El problema es que el resto del mundo suele no darse cuenta de esto.
5. De seguro compraría algunas copias para mis amigas.
- Libro 3: Armand el vampiro, de Anne Rice.
3. Lo compré en otra feria del libro, el mismo año que los anteriores.
4. Estoy tratando de buscar algo bueno de este libro, pero no se me ocurre nada. Me pareció bastante flojo, gastado; Armand y Marius eran un manojo de incoherencias.
5. No se lo recomendaría a nadie. De hecho, me arrepiento de haber gastado $8.50 por este libro. No me gustó en absoluto, y hasta ahí llegó mi breve romance con las Crónicas Vampíricas.
- Libro 4: Yo soy la memoria, de Hugo Lindo.
3. Es de la biblioteca de la universidad.
4. Precioso. Lo mejor, a mi parecer, es la forma en la que recrea un mundo aparentemente antiguo, como si hablara de la antigua Grecia. Plantea varios temas muy interesantes: cuestiona el concepto de 'progreso' de nuestra sociedad y el costo que ese progreso nos cobra.
5. Si pudiera, compraría una copia para cada persona que conozco.
- Libro 5: Manual de pintura y caligrafía, de José Saramago.
3. Lo compré cuando Saramago vino al país a dar una conferencia, hace unos dos o tres años. Había que tener una tarjeta de invitación para asisitir, y una de las maneras de obtenerla era comprando un libro. Al menos logré que me lo autografiara junto con mi copia de Ensayo sobre la ceguera.
4. Tiene una atmósfera sobria y reflexiva. La resignación del protagonista es un poco desconcertante y atrapa, a pesar de su indiferencia. Páginas como la siguiente son difíciles de ignorar:
Hoy, es hoy, simplemente. No hay que buscar ninguna verdad, nada será construido dentro de su apariencia. El único retrato de S. que queda, vendrán a buscarlo mañana. Está seco, técnicamente bien realizado, garantizada su duración: en lo tocante a esas cosas, soy el mejor pintor de la ciudad. Pero en esta ciudad soy también la mayor equivocación viva: nada hice de cuanto proyecté, ni estas hojas de papel añadirán el valor del espesor de una de ellas al cero inicial. Se acabó. Lo intenté, fallé, y no habrá más oportunidades."
5. Compraría una copia a quien quiera que desee aprender algo sobre la escritura.
Pequeña actualización. Muy pequeña. Sólo para comentar lo que estoy leyendo por el momento. Prometo solemnemente una actualización decente este fin de semana.
1. El oficio de vivir, de Cesare Pavese.
El libro que he estado leyendo durante todo el mes. Hacía tiempo que no sentía tener un diálogo con el autor, tal vez porque esta no es una historia, sino una serie de reflexiones que dan paso a una respuesta por parte del lector. Me gusta que los libros me den ganas de pensar a medida que los leo.
2. Soul and form, de Georg Lukács.
Me estoy metiendo en teoría, lo cual es bueno. Este va muy lento porque está en un inglés muy formal al cual no estoy acostumbrada. Cuando pase de la introducción podré comentar un poco más.
En la próxima actualización: Yo soy la memoria, de Hugo Lindo. Sintonícenos a la misma hora, y por el mismo canal.
Desplegaba la vela con los mismos gestos amplios con que otras abren el mantel sobre la mesa o la sábana sobre la cama. Vela blanca con una blanca luna bordada. Y así que oscurecía se hacía a la mar.
No llevaba redes ni anzuelos en su pequeño barco. Solamente cestos, grandes. Y en silencio, oscuridad adentro, navegaba hasta llegar al punto donde el mar es hondo como la noche.
Allí, recogida la vela, ondulando suavemente a la deriva, la joven pescadora se ponía a cantar".El anterior es el párrafo inicial de mi cuento favorito, Un cantar de mar y viento. Es uno de los 24 cuentos que integran el libro Lejos como mi querer y otros cuentos, escrito e ilustrado por Marina Colasanti.
El libro lo leí cuando tenía unos 12 años, y recuerdo que me pareció un poco extraño. No eran los típicos cuentos de hadas. De hecho, me dejó la sensación (entonces nueva para mi) de que los cuentos querían decir algo más de lo que aparentaban. Obligaban a pensar, a buscar un significado más profundo e incluso más oscuro debajo esa superficie de oraciones delicadas y de imágenes bien armadas. A los 12 años esto se me antojó un poco tenebroso, y por muchos años el libro permaneció olvidado.
El joven sin rostro, por ejemplo, habla precisamente de eso: de un joven sin rostro que encuentra su identidad en un ser querido. Sin alas, no obstante cuenta la breve historia de una mujer que aprendió a ver más allá de lo estrictamente necesario. En Las ventanas sobre el mundo leemos acerca de un rey que se pregunta de qué sirve tener un castillo con 365 ventanas si sólo se asoma a una de ellas.
Sin embargo, Un cantar de mar y viento me pareció el más enigmático. Una pescadora despierta la envidia de los demás pescadores de su aldea. Para vengarse de ella, deciden hacerla naufragar. El mar, que siempre la ha favorecido, la lleva a un palacio desierto en donde tiene un sueño que la llena de curiosidad y la retiene en el palacio. Cuando se le hace imposible quedarse y debe regresar a su aldea, el secreto de su sueño se revela. El problema es que se revela sólo a ella, no al lector, y las conclusiones a las que llegue el lector serán siempre personales.
De todos los libros que leí en mi infancia, este es uno de los pocos que aún conservo. Los cuentos nos sumergen en un mundo que para la mayoría de nosotros ya no existe. "...nos hablan de príncipes y princesas, castillos y ogros", como dice en la contraportada. Con un lenguaje bellísimo, sencillo y delicado narra historias que, por su humanidad, se alejan de los cuentos de hadas tradicionales.
Detalles del libro:
Título: Lejos como mi querer y otros cuentos
Autora: Marina Colasanti
Editorial Norma
Páginas: 196
ISBN: 958-04-3651-7
"En su niñez, Marcello estaba fascinado por los objetos como una urraca. Tal vez porque, en casa, más por indiferencia que por austeridad, sus padres jamás habían pensado en satisfacer su instinto de propiedad..."
El conformista, de Alberto Moravia, es un libro peculiar. Mientras que muchos rehuyen el sentimiento de normalidad colectivizadora, Marcello Clerici la busca. Eso es lo primero que llama la atención. Es un hombre atractivo e inteligente que podría (y, de hecho, lo hace) destacarse por sobre los demás, pero prefiere quedarse al nivel de las masas.
Para lograrlo, planea vivir la vida de un joven común y corriente, ni mejor ni peor que los demás: trabajar de funcionario de Estado, casarse con una mujer a la que no ama y formar una familia con ella, vivir en una casa mediocre con muebles y electrodomésticos pagados a plazos. Esta búsqueda lo llevará a París, en donde deberá ajustar cuentas con un pasado del que ni él mismo sabe toda la verdad.
El final (que obviamente no revelaré aquí) fue un poco difícil de tragar, sobre todo porque rompía, a mi parecer, con la atmósfera del resto de la novela. Claro, esa porción de la novela se desarrolla en tiempos excepcionales, y requiere un tratamiento excepcional.
Este es otro libro para devorarlo en unos pocos días, pero no por la simplicidad del lenguaje, sino por la claridad con la que está organizado. Tiene una estructura puramente lineal en la que no puedes perderte.
Siempre me sentí más atraída por la extravagancia narrativa de Juan Goytisolo o de Torrente Ballester, pero eso no es necesario. Una de las cosas que quiero aprender de Moravia es el arte de decir lo necesario y no siempre de manera explícita. Es un tipo de literatura de la que me había alejado y de la que todos deberíamos aprender: un lenguaje claro y depurado, una estructura sólida y personajes bien construidos son la base de una novela bien escrita.
Detalles del libro:
Título: El conformista (Il conformista)
Autor: Alberto Moravia
Páginas: 321
ISBN: 84-9326-45-9-8